
Paseando por la Diagonal, a la altura de la calle Córcega te encuentras con una fuente que me gusta en particular. Cuando la veo, siempre la miro alucinada, es algo tierno, bonito, para mi es un rincón único, mi rincón.
Esta última vez, la recordaré con especial cariño, ya que después de tener un día no demasiado bueno, llegué a la altura de paseo de gracia, y cuando me di cuenta de que ya había llegado a la altura de la fuente, de repente un silencio tranquilizador llegó a mis pensamientos, no había nada que molestara aquel momento. No había coches, ni motos, ni gente andando ni hablando, únicamente estábamos la fuente de la rana y yo.
Aunque sólo fuera por unos segundos, mi cara recuperó una gran sonrisa y pude continuar de manera tranquila con lo que estaba haciendo. Y con el silencio, y la fuente, llegó la moraleja: tómate las cosas de otra manera, y sobretodo mira a tu alrededor, quizá te estés perdiendo cosas por estar en pensando en problemas no demasiado importantes; no puedes ni debes hacerlo.
Busquemos rincones especiales,
Feliz semana, y muy felices desayunos!