Había una vez en un lugar muy muy lejano, una aldea muy hermosa, con casitas hechas de azúcar. Las nubes eran de algodón y el sol era una gran galleta dorada. Había un río de chocolate el cual proporcionaba alimento a los habitantes. Estos habitantes eran pequeños duendecillos que vestían de una manera muy particular; según su estado de ánimo aparecía un ocolor u otro en su vestido. Había rojos, azules, verdes, amarillos, violetas, ... un sin fin de matices que coloreaban la aldea y la enriquecían cada día.
Había un duendecillo que hacía un tiempo que no tenía ningún color en su vestido. estaba preocupado porque no entendía por qué no tenía ningún color y creía que sus amigos, los demás duendecillos no estaban a gusto con
él.
Un día se decidió a dar un paseo, salió de su casita de azúcar y siguiendo el río de chocolate apareció de repente un arco iris en el horizonte. Le pareció muy bello y decidió seguirlo, para encontrar qué es lo que había al otro extremo del arco.
Después de caminar un rato, por fin llegó al final y vio algo que le sorprendió. era algo que tenía un color muy vivo, muy luminoso que le hizo sonreír. Resultó ser una olla llena de algo que no se atrevió a reconocer, pero muy brillante. Recogió esa olla y decidió volver a la aldea a enseñárselo a los demás.
Cuando llegó a la aldea, los otros duendecillos se alegraron al verlo y sorprendidos se acercaron a él, curiosos al ver que por fin su vestido tenía color; un color brillante, muy potente.
El duendecillo, extrañado, se dio cuenta de su cambio y decidió que era el momento de saber qué es lo que había dentro de la olla. Se fue a casa, se sentó, cogió la olla entre sus manos y la abrió. Descubrió con alegría que ahí se guardaba la felicidad y que el color del vestido era el mismo que había dentro de la olla.
A partir de entonces no pasó un solo día en el que cuando el duende salía de su casa, los demás duendecillos lo recibían con mucho amor y cariño, y nunca nunca nunca dejó de tener ese color brillante en el vestido que un día encontró dentro de una olla cuando decidió descubrir lo que había al otro lado del arco iris.
Moraleja: Deja que vean tu interior, y sobretodo toma conciencia de cuál es tu color.