Rindiendo homenaje a nuestro mentor, Jesús Calleja, narraré lo mejor que pueda nuestra aventura Collformic-Matagalls.
Después de una noche de martini, sólo y on the rocks, nos despertamos con retraso pero con muy buen humor. Nuestras mochilas estaban preparadas, nuestra comida lista y nosotras con ansias de iniciar nuestra aventura.
Después de una hora de ruta, llegamos a nuestro punto de inicio a pie. Una vez tomamos un cafe, e hicimos una habladuría fotográfica con unos moteros, iniciamos el ascenso. Íbamos a nuestro ritmo, primero una delante, luego la otra. El ritmo era lento pero cómodo. De repente un comentario, un parón, unas risas, y algun que otro suspiro, pero las caras de alegría y felicidad no nos abandonaron. El silencio llegaba y la tranquilidad se podía ver en el ambiente, daba gusto caminar así.
Al cabo de unos tres cuartos de hora, llegamos a lo que nosotras llamamos nuestro campamento base. Se divisaba una gran montaña, la cual creíamos que era Matagalls, y que luego nos dariamos cuenta que no era así. Al creer que estábamos en el campamento base y que las condiciones atmosféricas no eran las más adecuadas decidimos sacar una ropa más idónea para llegar a cima, y llegó nuestra primera foto, y con bandera!, no podía hacerse una excursión a lo Calleja sin una bandera que simbolizara nuestra hazaña.
Fuimos avanzando, a nuestro ritmo hasta Decidimos hacer lo que parecía nuestro ultimo tramo sin parar, para no coger frío, y así lo hicimos, no hay nada como la autosugestión, y contar con la ayuda de una buena compañera.
El momento más duro fue cuando una servidora comenzó a desmotivarse, pero gracias a la concentración y los ánimos del equipo conseguimos llegar a cima y disfrutarla.
El cielo se abrió y pudimos entrever un pequeño pueblo justo en la falda de la montaña. Todo eran risas, fotos y una gran felicidad al saber que habíamos conseguido nuestra primera cima. Nos quedamos con las ganas de ver la altitud a la que estábamos, pero lo habíamos conseguido al fin y eso era lo que más importaba,
La bajada fue tranquila y más rápida. El silencio volvió a nosotras y esta vez le acompañaba una cara de satisfacción que disfrutaba del paisaje a cada momento.
Lo conseguimos, y parece que esta ha sido la primera de un sin fin de aventuras montañeras
Sempre amunt!
Después de una noche de martini, sólo y on the rocks, nos despertamos con retraso pero con muy buen humor. Nuestras mochilas estaban preparadas, nuestra comida lista y nosotras con ansias de iniciar nuestra aventura.
Después de una hora de ruta, llegamos a nuestro punto de inicio a pie. Una vez tomamos un cafe, e hicimos una habladuría fotográfica con unos moteros, iniciamos el ascenso. Íbamos a nuestro ritmo, primero una delante, luego la otra. El ritmo era lento pero cómodo. De repente un comentario, un parón, unas risas, y algun que otro suspiro, pero las caras de alegría y felicidad no nos abandonaron. El silencio llegaba y la tranquilidad se podía ver en el ambiente, daba gusto caminar así.
Al cabo de unos tres cuartos de hora, llegamos a lo que nosotras llamamos nuestro campamento base. Se divisaba una gran montaña, la cual creíamos que era Matagalls, y que luego nos dariamos cuenta que no era así. Al creer que estábamos en el campamento base y que las condiciones atmosféricas no eran las más adecuadas decidimos sacar una ropa más idónea para llegar a cima, y llegó nuestra primera foto, y con bandera!, no podía hacerse una excursión a lo Calleja sin una bandera que simbolizara nuestra hazaña.
Fuimos avanzando, a nuestro ritmo hasta Decidimos hacer lo que parecía nuestro ultimo tramo sin parar, para no coger frío, y así lo hicimos, no hay nada como la autosugestión, y contar con la ayuda de una buena compañera.
El momento más duro fue cuando una servidora comenzó a desmotivarse, pero gracias a la concentración y los ánimos del equipo conseguimos llegar a cima y disfrutarla.
El cielo se abrió y pudimos entrever un pequeño pueblo justo en la falda de la montaña. Todo eran risas, fotos y una gran felicidad al saber que habíamos conseguido nuestra primera cima. Nos quedamos con las ganas de ver la altitud a la que estábamos, pero lo habíamos conseguido al fin y eso era lo que más importaba,La bajada fue tranquila y más rápida. El silencio volvió a nosotras y esta vez le acompañaba una cara de satisfacción que disfrutaba del paisaje a cada momento.
Lo conseguimos, y parece que esta ha sido la primera de un sin fin de aventuras montañeras
Sempre amunt!