miércoles, 3 de marzo de 2010

Breakfast in the Central Park

En Central Park hay una estatua en honor a Christian Andersen. En verano, actores y actrices famosos se sientan a leer a niñ@s sentad@s en el suelo alrededor de la estatua. De esta manera se rinde a uno de los grandes escritores de cuentos para niños de la historia de la literatura.

Recuerdo cuando mi abuela me contaba cuentos de pequeña. Era la hora de irse a dormir, y cuando yo estaba metida ya en la cama se medio estiraba en la cama conmigo, me arropaba y abría ese gran libro de tapas duras con un montón de cuentos para contarme. Había veces que era yo la que le acababa contando el cuento porque ella se había dormido. Parecía que no te pudiera pasar nada, estabas más que protegida. Ojalá aun siendo adultos pudiéramos hacer eso y por unos momentos volver a sentirnos protegidos, sin temor a nada.

Los cuentos nos evaden de la realidad, soñar que Peter Pan va a aparecer por tu ventana y te va a llevar al país de Nunca Jamás, o que en tu camino te encontrarás con Alicia y podrás hacerte más grande para vencer a los que quieren hacerte daño como la Reina de Corazones, o quizá podrás dormir hasta que todo se arregle y sea tu Príncipe Azul el que te despierte con esas buenas noticias, quizá creas ser un patito feo y tu abuela se encargue de decirte que eres un proyecto de cisne y que algún día te darás cuenta de todas tus posibilidades… los cuentos nos daban esperanza de que un mundo mejor podía existir y en ese mundo no íbamos a sufrir nunca. Evidentemente, todos sabemos que la realidad es otra, pero siendo pequeños tenemos la suerte de creer que las hadas existen, y los mundos perdidos están en alguna parte y que podemos encontrarlos, sin ir más lejos, los podemos encontrar cada noche en nuestros sueños.

Quizá siendo adultos tendríamos que leer algunos cuentos para seguir creyendo en esa magia, quizá siendo tíos, padres, podamos tener una segunda oportunidad.

Feliz ¿mágico? desayuno de jueves

lunes, 1 de marzo de 2010

Daily Breakfast

El desayuno entre semana no suele ser tan especial como el del fin de semana; cereales con leche, quizá unas tostadas si hay más tiempo, o quizá tan solo un triste café de sobre para aguantar hasta el break de media mañana. Es común ver a primera hora de la mañana largas colas en los carritos de la calle o en las cafeterías. todo el mundo sale de ahí con una bolsa de papel con algo para comer y una taza de cafe casi de litro para empezar la mañana en el lugar de trabajo.

La llegada al trabajo no siempre es de nuestro gusto; empujones en el metro, ruidos de coches en las calles, la gente malhumorada ya de buena mañana y quizá sin haber desayunado… porque admitámoslo, es lunes y nos quedan al menos 5 días por delante de duro trabajo.

Los lunes suele ser días complicados, alguna que otra sorpresa aparece ya durante la mañana, mails no deseados, algo que arreglar, alguna conversación pendiente no muy agradable, llamadas de teléfono inoportunas. . . pero el día va pasando y por fin llega el descanso de mediodia. Hay quien tiene la suerte de tener un largo descanso, otros sólo algunos minutos para engullir su comida y volver al trabajo y otros que comen mientras siguen trabajando.

Nos pasamos demasiadas horas delante del ordenador, haciendo trabajos repetivivos y eso puede llegar a cargar. Los incentivos, pues, son importantes, ya sean remunerados económicamente o con días de vacaciones, son necesarios para el buen funcionamiento de la empresa y del trabajador.
Pero no hay que olvidar el incentivo que te aporta un trabajo bien hecho
: una publicación, una máquina arreglada, una nueva página web, un paciente curado. . . estos y infinitos ejemplos son los que te hacen saber que tú has sido la persona que ha producido ese objeto, la que ha diseñado ese edificio, la que ha conseguido esa cura, o el que ha construido ese jardín. Todo esto hace que sigas adelante, porque sabes que lo puedes hacer otra vez y porque siempre puedes hacerlo mejor.
Acordémonos los lunes de lo que somos para la empresa y de lo que podemos hacer trabajando en ella.

Y si por un casual, sigue sin apetecer ir al trabajo los lunes, piensa que ya falta menos para el martes.
Felices desayunos diarios