Por fin dejamos la semana atrás, llega el viernes y con él, las cenas, reuniones familiares y escapadas de fin de semana.
Si fuéramos la chica de la fotografía, posiblemente habríamos tenido una semana de mucho trabajo, quizá reuniones hasta las tantas de la madrugada o varios exámenes, y habríamos estado esperando el fin de semana como una gran recompensa.
Siendo viernes, nos habríamos vestido para la ocasión, y quizá habríamos quedado con algunas amigas o con la pareja para cenar. Quizá mientras esta chica va hacia el punto de encuentro observa a la gente de su alrededor: observa grupos de personas que se dirigen al teatro, un teatro abarrotado por una cola de gente que intenta meterse en la sala para evitar ese frío de mediados de febrero. Algunos salen del cine, comentando la película, otros en silencio se secan las pocas lágrimas que les quedan en los ojos.
Quizá cuando ve a sus amigas, una gran sonrisa aparezca en su cara y piense " qué bien que haya decidido venir a esta cena, lo necesitaba". Ella está radiante, ha pasado una mala semana, pero ha decidido arreglarse y salir de su casa. Ha conseguido dejar de pensar en sus preocupaciones y sus amigas han ayudado a ello. Son problemas que seguirán estando ahí al día siguiente, pero quizás conseguirás verlos desde otro punto de vista, con otra perspectiva.
Puede que ya en el restaurante observe a su alrededor y no vea más que personas en grupo o en pareja comentado, riendo, brindando. . . es viernes y estamos de celebración. El fin de semana ha llegado y la ciudad se ha vestido de gala.
Decide volver a casa pasenado por las gélidas avenidas, disfrutando de su belleza, ya que aún viviendo en ella, puede que algo la haya sorprendido. Le acompaña una sensación de tranquilidad y bienestar, ha conseguido salir de su rutina y olvidar esa tristeza, aunque sea por unas horas.
Puede que llueva o nieve, pero su sol sigue brillando con intensidad. Próxima lectura durante algún desayuno de la semana que viene.