viernes, 2 de abril de 2010

River's Breakfast

Todos reconocemos el color del taxi de Nueva York. El amarillo es el color que predomina en las grandes calles de la ciudad. Miles de historias nos podrían contar los taxistas de Nueva York; despidos, buenos días, días para olvidar, historias de amor, estres laboral, visitas a familiares... también hay personas que en su viaje en taxi no hablan. El silencio es a veces la prueba de que la tranquilidad invade al cliente. A través de la ventana imagina hacia dónde se dirigen las personas que va viendo pasar, y mejor aún, está disfrutando de ese momento sin pensar en su estresante trabajo, ni la tristeza que le viene cada vez que va a casa de sus primos al recordar lo bien que lo pasaban antes.

He cogido pocos taxis en Nueva York, únicamente para trasladarme del aeropuerto a mi destino y viceversa. Recuerdo la primera vez como si fuera hoy mismo. No iba sola y la magia de Nueva York nos estaba atrapando con solo sentarnos en aquel gran coche con destino Manhattan. Todo era nuevo para nosotros, y lo disfrutábamos segundo a segundo.
La segunda vez fui sola y realmente fue increíble la sensación de ya haber estado ahi, recordando qué es lo que iba a aparecer en cada momento.

En mi último día en Nueva York, acababa de desayunar unas tortitas con frutas deliciosas, y con ese dulce sabor y la alegría de haber estado ahí por segunda vez, subí a un taxi y me dirigí al aeropuerto, en silencio recordando los momentos buenos y los no tan buenos de aquel viaje. Me vino a la mente la estatua de la libertad; había comido con ella sentada en un banco del muelle,... pero esa es otra historia que algún día contaré...
Me gustaría pensar que en un momento u otro volveré a sentarme en un taxi amarillo y mi destino será Manhattan, iré sola o acompañada. Sea como sea, me sentaré en ese taxi y disfrutaré del silencio y de lo que vayan captando mis ojos a través de la ventana.

Feliz viaje en taxi,



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