martes, 16 de febrero de 2010

Breakfast in a Tea Cup


En una cafetería cerca del Museo de Historia Natural de Nueva York, suceden a diario momentos mágicos. Estás entrando en la diminuta cafetería y ves niños correteando a tu alrededor, que celebran sus cumpleaños junto a camareras con alas de mariposa.
La anfitriona de la fiesta tiene en su poder una varita mágica y con ella puede pedir todos los deseos que quiera, es su cumpleaños y cuando es tu cumpleaños, tus deseos se cumplen.

Rodeada de esa magia, un recuerdo de la infancia viene a mi mente y ella está en él. Es una imagen cálida, dulce y agradable, no quieres que aparezca nada más en tu mente porque temes que el recuerdo se desvanezca.

Un recuerdo nos ayuda a rememorar historias pasadas de los que ya no están con nosostros. Si algo negativo tiene un recuerdo es que a medida que pasa el tiempo se va haciendo más etéreo, más voluble, hasta que, si no haces un ejercicio de memoria, pueden llegar a desvanecer. Lo que no desaparece es un gesto, ese chasquido con la boca, esos ojos, ese antojo de huevo cocido... esa memoria genética es lo que nos hace recordar a las personas que ya no están con nosotros físicamente, aunque podríamos decir que sí en esencia. Esta esencia, la llevamos con nosotros en el día a día, durante un viaje, en un examen... podríamos decir que llevamos esa esencia en todo momento. Quizá sea sólo un pensamiento pero lo importante es que nos sirve para fortalecernos en algún momento de debilidad.
Esos gestos, miradas, risas, nos están haciendo revivir algo, a alguien... y eso es lo que tenemos que tener presente en la memoria, ya que es la herencia más valiosa que puede haber.

Este breakfast es un pequeño homenaje a todos ellos, y en especial a tí.

Próximo desayuno en breve,

1 comentario:

  1. Beautiful people have beautiful memories. And their loving ancestors are always with them.
    Elvis go bragh!!!

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